11 de Septiembre: Parte 3 de 6
Un día más, un día menos. Llevaba ya dos días de Universidad y podría decir, solemnemente, que eran los mejores años de mi vida.
Nadie me despreciaba, nadie me miraba por el rabillo del ojo pensando que era rarita. No me sentía retrasada, ni marginada, ni nada parecido. Es que le llegas a decir eso a mi yo de la adolescencia y se ríe a carcajadas en tu cara.
María, Antía y yo nos empezamos a acoplar a un grupo de chavales el segundo día. En las primeras clases empezamos a hablar antes de que el profe atendiera y una cosa llevó a la otra: Acabamos en la cafetería, jugando a las cartas, durante horas. También nos pusimos algún temazo del momento tipo Wake me Up de Avicii. Estuvimos tanto tiempo que finalmente acabamos optando por comer allí. Qué menos.
El martes 10 fue un buen día. No tengo ninguna queja con respecto a él. Pero al día siguiente…
Eran las 8 de la mañana. Entrábamos a las 8 y media. Yo coincidí con María en el autobús y fuimos juntas hasta clase. Íbamos a la reprografía de Ciencias a imprimir una serie de movidas que nos hacían falta. Salimos un par de minutos después.
-Aún nos quedan veinticinco minutos para entrar a clase. ¿Te viene bien ir a la cafe?-Me preguntaba María mientras ponía un pie más en la reprografía
-Por favor, SI. Necesito un café, en estos instantes no soy persona.
-Ídem
Fuimos desde la reprografía hasta la cafetería, aunque nos paramos un momento en el medio. Me quedé mirando a mi amiga
-¿Estarán Miguel, Víctor y Aitana?
-Si, e imagino que Antía también
-¿No dijo Antía que hoy no iba a venir?
-Me habló a mí después.-María rebuscaba su cartera en su bolso mientras me contaba los detalles-Me dijo que ayer se encontraba mal de la cabeza, pero que se despertó, se tomó un paracetamol y ahora está mucho mejor
-Perfecto
Entonces, fuimos a la cafetería. Buscamos a los chicos por todas las mesas, pero no fuimos capaces de localizarlos.
Sorpresa fue la nuestra cuando los vimos en la mesa del fondo. Estaban todos con… Un chico diferente.
No tenía ni idea de dónde había salido ese chico. No había oído de él en mi vida. Ni siquiera lo había visto. Era moreno, los ojos exageradamente verdes y estaba sentado de piernas MUY abiertas. Despatarre masculino en su máximo esplendor. También se colocaba la chaqueta constantemente mientras se reía con una risa de hombre MUY molesta.
Y adivinad de quién me acordé tan pronto lo vi frente a mí.
Exacto, habéis acertado.
De Xoel
Antía y los demás se reían constantemente oyéndolo hablar. ¿Qué tendría? No lo sabía ni me interesaba saberlo.
-¿Y cómo dices que hiciste?-Los ojos de Antía brillaban como grandes diamantes
Mientras el chico contaba sus anécdotas, su voz sonaba con un tono elevado y molesto. Toda la cafetería parecía estar enterándose de todo lo que él decía, porque vergüenza ninguna.
-Primero; Eché un zurullo del tamaño de mi cabeza en la taza. Y cuando tiré de la cisterna, ¡EL ZURULLO SALIÓ DISPARADO!
Todos se rieron con esa mierda de broma escatológica. María y yo nos miramos, pretendiendo que no habíamos escuchado nada de eso.
Y su acento… Su acento era como latinoamericano. Eso me echó para atrás. Sé que suena mal, pero yo en aquel entonces era racista inconscientemente. Es algo de lo que a día de hoy me arrepiento. Si, bueno… Era racista, pero luego me escudaba con la excusa de por qué iba yo a ser racista, si mi cantante favorito era Frank Ocean (Efectivamente, era y ES Frank Ocean, desde que Channel Orange vio la luz)
Bueno, que me voy del tema. Todos se reían y parecían no prestar atención a que María y yo estuviéramos de pie esperando por ellos para poder sentarnos. Hasta que en un momento dado, Aitana nos vio y le golpeó el hombro a Miguel para que nos hiciera un mínimo de caso. Gracias por tanto, Aiti.
Todos giraron la cabeza y nos vieron esperar enfadadas. Incluido él
-Perdonad, chicas.-Miguel aún parecía estar partiéndose con la escatológica broma- No os vimos
-He tenido la oportunidad de darme cuenta, Miguel…-Aclaré, con un tono de voz amenazante.
-¿No nos vais a presentar?-María miró para el chico con las cejas levantadas
Se miraron. No sé qué había de dificultad en la pregunta de María. Él miró con una sonrisa burlona que me transmitía entre cero y nada de confianza
-¿Quieren que me presente yo o que?
Empezó a soltar su risa molesta de macho ibérico mientras los demás se reían con él.
Tío, hazme un favor, cállate la puta boca, pensé
Después de reírse tanto, Víctor lo señaló.
-Chicas, este es Lucas.
Nombre de pato, como el cerebro que seguramente tendrá, pensé también.
-Hola… Yo soy María, y esta es mi amiga Fátima
Yo estaba con los brazos cruzados y frunciendo el ceño disimuladamente. No pensaba abrir la boca delante de él
-Mira, Lucas- Antía nos señaló- Éstas son mis mejores amigas de la Universidad.
Antía y Aitana lo miraban como si fuera Michael B Jordan. Parecían enamoradas de él. Pero yo repito: No me daba buena espina. ¿Sabéis esa típica persona que todo el mundo adora pero a ti no te transmite nada de confianza? Pues es como me sentía yo en ese instante.
-Siéntense, que no muerdo-Rió él, levantando una de las comisuras de sus labios.
Ya lo veremos, imbécil, pensé
Creo que pasaba demasiado veneno por mi cabeza en ese momento para todo lo que me estaba guardando.
María se sentó y yo hice lo correspondiente, pero a regañadientes. Lo único que quería en ese momento era marginarme. Esos típicos momentos sociales donde quieres marginarte de la conversación porque la persona que lleva el peso pesado de la misma te cae como tres patadas en el culo. Eso era por lo que yo estaba pasando. Quería salir corriendo.
Pero no lo hice.
-Háblenme de ustedes.
María se unió al club de enamoradas de Míster Lucas. Empezó a sonreírle en cuanto oyó su voz de macho. Como no, nena
-Somos de aquí de esta Universidad como ellos.-María sujetó su cabeza con sus manos mirando para él- ¿Y tú? ¿Vienes de Erasmus?
-No, de Sicue. Soy de Tenerife
-¡Qué bonito!
-¿Verdad que si?-Aitana miró para ella con ojos brillantes y, después, volvió la vista hacia él.
-Si. Adoro hacer surf con mis panas en la playa de mi pueblo, San Isidro. El surf es nuestra religión
Encima, surfista. Tendrá trescientos tipos de abdominales, seguro.
Imaginaos el asco que me daba el muchacho que no podía parar de ponerlo a parir… Mentalmente.
Cumplí mi cometido. Me marginé de la conversación y miré hacia otro lado. La actitud extrovertida, alegre y risueña que tenía no me inspiraba ningún tipo de confianza. Me recordaba MUCHÍSIMO a Xoel. En cualquiera de los sentidos. Y eso me echaba para atrás. Estaba claro que me iba a tratar igual de mal. Por nada del mundo me debía permitir ser su amiga o tener un mínimo contacto con él.
Él notó mi ausencia y me miró, sonriendo
-Oye, nena, ¿qué haces? Intégrate un poco, ¿no?
Nada me había parecido más grosero y desagradable que aquel comentario. Por la tonalidad de su voz, sentí que se reía de mí por dentro. Lo cual me gustó todavía menos
No podía soportarlo más. Me levanté automáticamente del asiento
-Chicos, voy subiendo…
Sin decir nada más, me di media vuelta mientras mis amigos y él se quedaban mirando para mí. No pensaba mirar atrás. Lo único que quería en ese instante era ir a clase y sacarme toda esta mierda de encima.
En ese momento, con los puños más apretados que nunca, me juré a mí misma que de ninguna forma posible iría yo a ser amiga de aquel gilipollas.
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